El Juli ha cortado dos orejas tras realizarle al quinto toro de la tarde una faena de mano baja, profunda e hilvanada. Morante se mostró desconfiado en sus dos toros y sólo pudo brillar en dos verónicas enormes mientras quitaba al primer toro de Manzanares. El diestro de Alicante destacó con el sexto en una faena de buenos momentos que no tuvo continuidad.
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Manuel Viera.-
Después del obligado minuto de silencio en homenaje al torero de Sevilla y al ganadero que se nos fue, y de arribar los aplausos que saludaron esta nueva edición de la temporada de toros en la Maestranza, un público deseoso de que los tres ‘colosos’ volviesen a sacar los pies del tiesto del arte, vio cómo el torero de Madrid se creció con el complicado quinto para embarcarse en una faena de mano extremadamente baja en la que la técnica y el valor encontraron su máxima manifestación en el natural, largo y puro, con el que confirmó el talento de quien hoy por hoy muestra el mando y la maestría en el toreo.
Ensalzo el valor de El Juli, sobre todo por la enorme claridad que impregna a su toreo. Nunca parece aburrido y nunca parece precipitarse. Al fin y al cabo con lo que le hizo a su segundo manifestó su ambición con unas formas solemnes y puras que alcanzaron con el natural la categoría de magistrales. Unas formas con las que agotó el significado de la palabra toreo. No se puede torear con la mano más baja, ni más despacio, ni más profundo, ni más ajustado, ni más hilvanado… No se puede torear con más mando del que le impregnó El Juli a una faena a derecha e izquierda de momentos sublimes, de cambios de manos, de trincherillas y molinetes… de toreo. El Juli simplemente toreó. Y lo hizo sin arrebatos, sin desbordamientos innecesarios, pero ejecutado con enorme intensidad y cercanía. Julián ha ganado en pureza y en introspectiva emoción. Ahora sus formas son más coherentes, más refinadas, más sólidas, y al mismo tiempo más próximas a la gente. Dicho de otro modo: con personalidad. De una certera estocada rubricó lo hecho y dos orejas, quizá excesivas, premiaron una obra no completa pero sí de muchos quilates.
Poco más tuvo la lluviosa tarde de toros sevillana. Los pupilos de Daniel Ruiz no terminaron de entregarse en las telas. A la corrida, desigual en presentación, le faltó casta y fuerzas. Casi no se picó. El comportamiento fue parejo en los siete toros que saltaron al ruedo maestrante. Flojearon en demasía y se apagaron, por descastados, en el último tercio. El Juli empleó a fondo su técnica con el soso y flojo segundo. Poca cosa. De rápido espadazo lo mandó al desolladero. Morante estuvo desconfiado con sus dos toros. No le gustó el manso y flojo primero y de inmediato cogió la espada para quitárselo de encima. Al cuarto, complicado por sus descompuestas embestidas, sólo unos templados muletazos diestros destacaron de un trasteo sin motivación. No tardó en finiquitarlo con el acero. Lo mejor se lo realizó, Morante, al primer toro de Manzanares, un sobrero de Daniel Ruiz lidiado en tercer lugar. Dos enormes verónicas y una media de lujo con el genuino arte del torero de La Puebla definieron uno de los mejores momentos de la tarde. Aquí se pudo degustar el sabroso aperitivo de la verónica. Dos lances trazados con verdadera pureza y sentido del temple. Después se pudo apreciar la explosión de la media en el eje del redondel para finalmente desplantarse con la gracia sevillana de los genios.
Manzanares mostró su poderío con el noble tercero, un sobrero sustituto del titular, inválido y devuelto a los corrales. Su profundo conocimiento de la colocación y su magnífica forma de dibujar el trazo se complementaron con un sentido exquisito del temple y una majestuosa expresividad en el pase. El resultado: unos magníficos trazos diestros, ligados y primorosamente rematados con los de pecho. Dos naturales deslumbraron por su trazo y una estocada de ley fue motivo para que saludara a la ovación final. Con el sexto, manso y muy distraído, se esforzó en una faena interesante, ligada a veces, de largos muletazos diestros y algún que otro natural con firma, pero sin continuidad. Tras la media estocada el descabello se le hizo eterno.
AL NATURAL |
El día de los mil y un saludos
Francisco Mateos.-
Hay días señalaítos en el calendario del sevillano que tienen su prosa y su poesía. Y si el Domingo de Ramos toca ir a recoger la palma a la Iglesia del barrio y vestirse de estreno casi rememorando nuestra Primera Comunión para ver la Borriquita y la Estrella trianera, a los siete días lo que toca es ir a los toros. No cabe día más empalagoso que un Domingo de Resurrección en los toros. Abrazos por aquí, besos por allá, y manos a estrechar a diestro y siniestro, que ni el Rey en plena Pascua militar. Además, como no son cumplidos los taurinos…. Y tras los abrazos, saludos y besuqueos, las conversaciones de rigor, que para eso se podría escribir una completa tesis doctorral sobre la psicología antropológica del comportamiento del especímen taurino en Domingo de Gloria. |
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Los hay completamente autóctonos: -Hola Manolo… ¡Qué de tiempo sin verte! Y la familia, ¿bien? Oye, al final que pasó con lo del tractor, ¿lo vendiste? Bien hecho, ya verás como ahora te es más fácil y rentable las horas que le echas al campo… Bueno, a ver qué pasa hoy con el Morante, a ver si al niño le da por torear… Gracias a la amplia variedad que ofrece el público asistente al primer día de toros de Sevilla también los podemos encontrar muy refinados: -Hola Lolo -igual que el Manolo de antes, pero en exquisito-. No nos veíamos desde la barbacoa de Sotogrande… ¿Que tal tu mujer Piluca? Oye, ¿al final te decidiste a comprar el solar que te ofrecían? Ya verás como merece la pena la inversión cuando el Ayuntamiento cambie el PGOU y puedas edificarlo. Bueno, a ver si hoy vemos algo de toreo… Por cierto, Lolo, ¿tú sabes quién torea esta tarde? |
GALERÍA GRÁFICA |
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LAS OTRAS IMÁGENES |
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PUERTA DEL PRÍNCIPE |
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